Victorio Valenttinus

Argentina
1980 - Actualidad

Victorio Valenttinus es, ante todo, un artista que eligió el silencio.

Nacido en un entorno rural del noreste argentino —un paisaje atravesado por ríos, montes, cosechas y relatos contados alrededor del fogón— encontró en el dibujo una forma natural de habitar el mundo antes incluso de pensar en el arte como profesión. Aquellas primeras imágenes, surgidas entre la soledad del campo y la inmensidad del paisaje, marcaron para siempre el clima emocional de su obra.

Ya en Buenos Aires, el descubrimiento de la pintura al óleo significó una revelación decisiva. A partir de entonces inició una búsqueda obsesiva y silenciosa: dominar la técnica, comprender la materia pictórica y alcanzar una forma de representación que pudiera trascender lo visible. Durante años estudió de manera autodidacta, leyendo libros de arte, experimentando incansablemente y atravesando, como él mismo define, “éxitos parciales y fracasos constantes”.

El punto de inflexión llegó con su encuentro con Vito Campanella, de quien fue asistente y colaborador durante más de veinte años. Campanella no sólo le transmitió recursos técnicos excepcionales, sino también una tradición artística singular: aquella línea de conocimiento heredada de Giorgio de Chirico y Salvador Dalí, figuras fundamentales de la pintura metafísica y surrealista del siglo XX. En el taller de Campanella ,  Valenttinus consolidó una técnica de enorme precisión y una identidad pictórica profundamente personal.

Sin embargo, a diferencia de muchos artistas de su generación, Victorio Valenttinus decidió mantenerse deliberadamente al margen de la exposición pública. No participa de exhibiciones, no concede entrevistas y evita toda forma de protagonismo personal. Su obra circula casi como un secreto transmitido entre quienes la descubren.

Desde hace más de diez años, en Galería Witcomb tenemos el privilegio de trabajar junto a él y de representar su producción de manera exclusiva. Consideramos a Valenttinus uno de esos casos excepcionales donde la búsqueda artística permanece intacta frente a las exigencias del mercado, las tendencias y la necesidad contemporánea de visibilidad permanente.

Existe en su figura algo deliberadamente enigmático: una voluntad clara de desaparecer detrás de la obra. Como ocurre con ciertos creadores cuya identidad termina siendo secundaria frente a la potencia de lo que producen, Valenttinus parece interesado en que sean sus pinturas las que hablen, conmuevan y permanezcan.

Y quizás allí resida parte de su singularidad: en un tiempo donde todo busca mostrarse, él eligió que el misterio también forme parte de la experiencia estética.